La relación con los micrófonos

La grabación acústica es una técnica y un arte. Considerar el espacio sonoro, elegir el tipo de micrófono y su colocación, qué previo va a usarse y con qué ganancia, son variables que tienen un claro componente técnico pero dejan espacio a la experimentación, al ámbito artístico.

Voy a comentar cómo grabo la guitarra clásica, sobre todo, la relación entre el intérprete y los micrófonos.

Cuando era estudiante, quedaba desconcertado cuando escuchaba en vivo a un solista de talla internacional. Más allá del impacto que supone presenciar la maestría, tardé años en darme cuenta que había un desfase entre lo que estaba escuchando y lo que mi memoria había almacenado de los discos del artista. No tenía ni idea de producción musical, de las decisiones que se toman en las fases de grabación, mezcla y masterización. Además, los maestros no desvelaban las dificultades específicas de ir a grabar al estudio.

Con el tiempo, vine a caer en la cuenta de que el proceso solía ser predecible: un concertista interrumpía puntualmente sus giras para grabar un disco; por tanto,  tocaba en el estudio como lo venía haciendo en salas de conciertos, para “llegar a la fila 10”, con los inconvenientes de tener enfrente solo la escucha implacable de una pareja de micrófonos, con el apoyo del ingeniero y el asesoramiento de un productor, si el presupuesto lo permitía. Dejando a un lado las dificultades que implica tocar en el ambiente acústico de un estudio, normalmente bien distinto al de una sala de conciertos, el resultado final estaba marcado por dos componentes: la música y el sonido, que conlleva distintas escuchas. Por tanto, el cierre de un proyecto dependía de ambos aspectos y, fundamentalmente, del presupuesto disponible,  que suele dejar poco margen a la experimentación sonora.

En mi caso, tengo el privilegio de gozar de autonomía técnica y artística para grabar. Es decir, no tengo que pagar horas de estudio ni contentar las expectativas de seguidores ni de compañías de discos. De ahí que experimentar distintas formas de grabar haya sido posible.

Con los años y las horas de práctica, se ha producido una evolución sutil y profunda: cuando grabo, toco para los micros, no para “la fila 10”. Esto permite otro rango dinámico, que aumenta cuando se explora las sutilezas del pianissimo. Paralelamente, hay que considerar la técnica instrumental; mi colega del dúo Talea, Zebenzui González, y yo usamos una técnica ergonómica que libera de tensiones y permite una ejecución equilibrada. Con esta forma de tocar las cuerdas, podemos acercar más los micrófonos a las guitarras, para ofrecer grabaciones donde virtualmente colocamos al oyente en primera fila, en un lugar que le permite apreciar mejor el timbre del instrumento y el gesto que acompaña a la expresión. El resto es decisión del oyente: se sienta a escuchar o pone la música como ambiente, escucha con auriculares o con altavoces, se lleva la música para el coche,…Mi aportación sólo consiste en grabaciones que ofrecen el timbre del instrumento y la expresión musical con nitidez. El proceso es enriquecedor y compartirlo, un placer. 

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